Hay una clase de cansancio que casi nadie ve. Respondes mensajes, cumples, trabajas, sonríes, resuelves. Por fuera pareces operativa. Por dentro, tu mente abre veinte pestañas a la vez.
Piensas en esa decisión que sigues postergando. En esa conversación que deberías tener. En ese patrón que vuelve en tus relaciones, en el dinero, en el trabajo o en la forma en que te hablas cuando algo sale mal.
El autosabotaje rara vez llega gritando. A veces se disfraza de análisis, prudencia, perfeccionismo, miedo a equivocarte o necesidad de tenerlo todo claro antes de moverte.